El Liderazgo de Sadat:  ¿Lecciones para los palestinos? El Presidente Sadat da un discurso en la Knesset israelí en Jerusalén, 20 de noviembre de 1977. Foto: Flash90

Ken Stein

El liderazgo se trata de saber tus objetivos y ajustar e implementar las tácticas para lograrlos. El liderazgo también se trata de decisiones y consecuencias. 

Noviembre del 2020 marca el 43er aniversario de la visita del presidente egipcio Anwar Sadar a Jerusalén y su histórico discurso dirigido al parlamento israelí. Aquellos eran días fuertes en Israel. Había una esperanza genuina de una gran paz en el Medio Oriente. Solo Egipto estaba preparado para aceptar la legitimidad de Israel, el resto del mundo árabe permaneció totalmente en rechazo hacia Israel o un estado judío en medio de ellos. 

La visita a Jerusalén y el discurso eran medios para lograr fines, no fines en sí. Sadat vio a las negociaciones como un medio para recuperar el Sinaí del control de Israel. Vio a Estados Unidos como un aliado crucial para lograr ese objetivo. Su objetivo a largo plazo estuvo enfocado en mejorar la economía de Egipto, para así mejorar también la calidad de vida de los egipcios. Su tarea más difícil fue rescatar a Egipto de las prioridades que han fallado de su predecesor carismático y mediático, Gamel Abdul Nasser. 

Nasser fue el líder pan-árabe que eligió dirigir su economía en base al socialismo árabe; y no funcionó. Nasser casi alineó a Egipto con Moscú durante la Guerra Fría y proclamó la liberación de Palestina como su causa principal, pero eso le costó a Egipto una larga suma de dinero y pérdida de vidas humanas. Mientras llevaba a Egipto a la derrota contra Israel en la Guerra de junio de 1967, Nasser sufrió la pérdida de la Península del Sinaí como también la adquisición de una marca negra en el honor nacional de Egipto. 

Lo que es seguro, es que Sadat negoció con Israel porque necesitaba hacerlo, no porque tenía algún sentimiento escondido de amor hacia el sionismo. Afortunadamente para Sadat, él tenía líderes israelíes dispuestos como Golda Meir, Yitzhak Rabin, Menachem Begin, y Moshe Dayan quienes profundamente querían poner fin a la guerra con Egipto; cada uno de ellos buscó maneras creativas de alcanzar un acuerdo interino y finalmente un tratado de paz con la amenaza existencial más peligrosa para Israel. Sadat sabía desde un comienzo que la clave para el futuro de Egipto podría ser alcanzada por medio de Washington como mediador, garante, y banquero. Bruscamente él se alejó de Moscú, se distanció a sí mismo de sus inamovibles colegas árabes y puso a los intereses nacionales de Egipto por encima de la causa palestina, renunciando a la destrucción de Israel. 

Al embarcarse a una Guerra limitada en octubre de 1973, Sadat tuvo un propósito bien definido. Durante el mes de abril de ese año, él había enviado a su Asesor de Seguridad Nacional para reunirse con el Secretario de Estado Kissinger y encontró a EE.UU. definitivamente desinteresado en lanzar una iniciativa de negociación para devolver el Sinaí a la soberanía egipcia. Sadat apostó que, si iba a la guerra, él podría obtener la atención de Kissinger y Nixon. Y lo hizo. Por medio de la CIA durante la primera semana de la guerra, supuestamente él habló a Kissinger sobre su interés en las negociaciones. Esto fue reafirmado por un miembro del equipo del Departamento de Estado de Kissinger en aquel entonces, Joseph Sisco. Durante una entrevista, Sisco me dijo en febrero de 1992 que, de parte de Sadat, la “decisión de ir a la guerra fue precisamente lo que él quería, una negociación comenzó con los estadounidenses.”

Luego de la Guerra de 1973, Sadat dijo a su Jefe de Gabinete, “Egipto no estaba haciendo la paz con Israel, sino con Estados Unidos.” El Jefe de Gabinete de Egipto dijo en árabe a la contraparte israelí que, en ese momento, “¡Halasna Filastin!” – ¡Ya basta de Palestina! Entre 1973 y su asesinato en 1981, Sadat realizó otras acciones determinantes para mantener las negociaciones yendo hacia delante, incluyendo su visita a Jerusalén. 

Al momento de su fallecimiento, el registro de Sadat demostró que él se había enfocado exitosamente en Egipto como prioridad. Había negociado la retirada de Israel del Sinaí, había retirado los establecimientos israelíes del Sinaí, recibió largas sumas de asistencia de Estados Unidos, movió su economía lentamente hacia el capitalismo, y entró en una relación a largo plazo de suministros militares con Washington. EE.UU. aseguró una amistad gratificante con Egipto, quizás el éxito más importante para Washington contra Moscú en la Guerra Fría. Por aceptar a Israel, Sadat fue asesinado en 1981. 

En los 1980s, Egipto fue boicoteado y severamente reprendido por los líderes árabes. El líder de la OLP, Abu Iyad, dijo en enero de 1991, “el peor día en la vida de cada palestino fue cuando Sadat fue a Jerusalén y la bandera israelí flameó sobre su cabeza.”

Y aún en 1993, la OLP e Israel se reconocieron mutuamente uno al otro, abriendo camino para que Jordania llegue a lo mismo con Israel en 1994 y por consiguiente los EAU, Bahréin, y Sudán en 2020. Ningún estado árabe reprendió a la OLP cuando reconoció a Israel. Pero el liderazgo palestino condenó rotundamente a los EAU y Bahréin por hacer lo que ellos hicieron un cuarto de siglo antes.

En noviembre del 2020, se extendió la especulación sobre qué podría hacer la presidencia de Biden en el ámbito palestino-israelí. Todos los problemas nacionales e internacionales serían subsumidos por supuesto al tratar de salir exitosamente del túnel largo de esta pandemia que nos ha cobrado peajes sumamente altos   en nuestras vidas. Cual sea el tiempo que se le dedique al manejo del conflicto palestino-israelí, los palestinos deben reformar sus políticas e instituciones, así como fue sugerido por la mayoría de sus pensadores más notables durante este último mes.

Ningún líder israelí, sin importar su perspectiva política, negociará con una entidad palestina o un liderazgo que los palestinos mismos reconocieron en una encuesta en septiembre como fragmentado y desconfiable. 

El compromiso prolongado de lograr los objetivos de Egipto requería que Sadat tome riesgos, sea pragmático, descartando ideologías agobiantes, realizando acuerdos políticos, y mirando al horizonte por el bienestar de su gente. Él contactó a Estados Unidos, líderes palestinos y los palestinos mismos tendrán que hacerlo también, y reformar completamente sus instituciones políticas si ellos sinceramente quieren empezar a poner fin al conflicto con Israel.