A 40 años del Acuerdo de paz egipcio-israelí: Cuál ha sido su impacto y qué lecciones hemos aprendido El presidente egipcio Anwar Sadat, el presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, y el primer ministro israelí Menachem Begin. 6 de septiembre de 1978.

March 24, 2019


Por Ken Stein

En una tarde de tormenta, el 17 de septiembre de 1978, con el presidente Jimmy Carter como testigo, el presidente egipcio Anwar Sadat y el primer ministro israelí Menachem Begin se sentaron en una mesa en la Casa Blanca y firmaron los Acuerdos de Camp David. Estos consistían en dos acuerdos marco: un esquema que establecía el Tratado de paz entre Egipto e Israel y otro que instauraba una plataforma que conduciría al autogobierno de los palestinos residentes de la Cisjordania y la Franja de Gaza, territorios controlados por Israel a partir de la guerra de junio de 1967.

Seis meses después de la firma del acuerdo, el 26 de marzo de 1979, los tres hombres se reunieron nuevamente en la Casa Blanca para firmar el tratado de paz. Pero el camino recorrido que condujo a esta ceremonia 40 años atrás no resultó ser fácil.

El presidente egipcio Anwar Sadat, el presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, y el primer ministro israelí Menachem Begin. 26 de marzo de 1979.

Una vez finalizadas las conversaciones de Camp David, los detalles del marco egipcio-israelí se negociaron tortuosamente en Washington en las conversaciones conocidas como las conversaciones de Blair House. Los temas que se discutieron en aquel entonces fueron complicados:

● ¿Estarían los Estados Unidos dispuestos a pagar la construcción de aeródromos en Israel después de la retirada de las bases aéreas en Sinaí?

● ¿Tendría el acuerdo de Egipto con Israel precedencia sobre otros compromisos diplomáticos que El Cairo mantiene con los estados árabes?

● ¿El ritmo de la retirada israelí del Sinaí seria correspondido con el reconocimiento diplomático que Egipto daría a Israel?

● Dado que Israel había devuelto los yacimientos petrolíferos en Sinaí a Egipto y además había perdido el suministro de petróleo que Irán proporcionaba luego del derrocamiento del Shah, ¿proporcionaría Egipto petróleo a Israel?

Las conversaciones sobre la autonomía palestina fueron eclipsadas por el cierre del tratado egipcio-israelí.

Cuando comenzaron las conversaciones de Camp David en septiembre de 1978, Sadat y Carter aspiraban a mucho más que a un tratado de paz egipcio-israelí. Ellos preferían un proceso irreversible que condujera a la autodeterminación de los palestinos, a un estado palestino, al fin de los asentamientos israelíes, a la participación de los jordanos en las negociaciones y tal vez a la inclusión de otros países árabes en un acuerdo de paz integral. Sadat y Carter querían que Israel postergara por lo menos cinco años su reclamo de ejercer soberanía sobre Cisjordania y la Franja de Gaza.

Al llegar a la presidencia, Carter buscó incesantemente una paz integral en Medio Oriente. Carter no deseaba más acuerdos parciales como los logrados por Richard Nixon, Gerald Ford y Henry Kissinger. Carter tenía prisa por convocar a todos los líderes árabes a una conferencia con el objetivo de resolver todos los problemas pendientes. Carter y su asesor de seguridad nacional, Zbigniew Brzezinski, no se percataron de que ni Siria ni la OLP estaban remotamente dispuestos a aceptar la existencia de Israel como una realidad. Brzezinski más tarde admitió que fue ingenuo insistir en una conferencia de paz integral.

Por su parte, los líderes israelíes de izquierda y de derecha desconfiaban de Carter. Su campaña presidencial en 1976 reveló una actitud no particularmente cálida hacia Israel. Como presidente, fue el primer ocupante de la Casa Blanca en hablar abiertamente de una patria palestina, el primero en criticar repetidamente las políticas públicas israelíes, el primero en comunicarle a los israelíes que quizá no les quedaba otra alternativa que negociar con la OLP, y el primero en limitar la influencia del lobby pro-israelí en Washington.

La suerte que tuvo Carter fue que tenía a Begin y Sadat como contrapartes negociadoras. Estos eran líderes políticos determinados que poseían fuertes voluntades, energía, coraje y visión.

Carter constantemente elogió a Sadat como un “hermano” que “jamás lo decepcionaría”. Sadat veía a Carter como representante de los intereses egipcios y árabes ante Israel. Brzezinski incluso llego a decir que “Sadat manipulaba a Carter como si fuera un violín”.

Por el contrario, Carter descubrió que Begin era “un negociador difícil, pedante y muy duro “.

Fuerte y contundente, Begin y su equipo de negociación israelí, que incluía al ministro de Relaciones Exteriores Moshé Dayan, al ministro de Defensa Ezer Weizman y al futuro juez de la Corte Suprema israelí Aharon Barak, obstruyeron repetidamente los esfuerzos conjuntos de Sadat y Carter para convencer a Israel de aceptar un estado palestino. Correctamente, Israel supuso que ni Carter ni Sadat abandonarían las conversaciones de Camp David sin lograr un acuerdo entre Egipto e Israel, relegando el tema palestino a un estado secundario.

Con sus personalidades y objetivos tan distintos, ¿por qué Sadat y Begin finalmente firmaron un tratado? ¿Qué lecciones se pueden aprender de la experiencia de la década de 1970?

Primero, como feroces nacionalistas, Begin y Sadat defendieron celosamente sus prerrogativas para que ninguna otra entidad o estado dicte el contenido o el ritmo de las negociaciones políticas y los criterios que definían la seguridad nacional de sus respectivos países. Ambos escucharon atentamente a los mediadores estadounidenses, pero ellos fueron los que tuvieron la última palabra. Ambos representaron estados maduros, no disfuncionales, y cada uno aceptó la legitimidad soberana del otro.

En segundo lugar, alcanzar acuerdos reforzó sus respectivos intereses nacionales. Israel no pudo rechazar una oportunidad única en una generación para asegurar el reconocimiento diplomático del país árabe con mayor población y el más poderoso. Al final de cuentas, Sadat no pudo permitir que su visita a Jerusalén en noviembre de 1977 no fuera recompensada con la recuperación del Sinaí, la eliminación de los asentamientos israelíes en este territorio y con un lazo más estrecho con los Estados Unidos.

En tercer lugar, los líderes egipcios e israelíes hicieron concesiones políticas fundamentales. Egipto “violó” el compromiso que mantuvo con el resto del mundo árabe desde 1967, por el cual no habría ni paz, ni negociación ni reconocimiento de Israel.

Cuarto, desde 1979, numerosos planes de paz fueron presentados. Mediadores, incluyendo países e instituciones, han fracasado en su intento de avanzar conversaciones de paz entre árabes e israelíes, más allá del tratado egipcio-israelí. Ninguno de estos intentos logró alcanzar el éxito de este tratado, excepto el tratado firmado en 1994 entre Jordania e Israel. Samuel W. Lewis, embajador de Estados Unidos en Israel desde 1977 hasta 1985, observó sabiamente al evocar las negociaciones entre Egipto e Israel: “El mediador no puede aspirar al acuerdo más que las respectivas partes”.

Con estos precedentes y con las lecciones que hemos aprendido, las actuales especulaciones sobre otro esfuerzo presidencial para unir a las partes no parecen vaticinar a estas negociaciones demasiado éxito. En medio de las difíciles condiciones regionales y los complejos problemas que separan a Israel de sus vecinos, la capacidad de los líderes para ofrecer concesiones políticas es simplemente ilusoria.

Ken Stein, profesor de la Universidad de Emory de historia contemporánea de Oriente Medio, ciencias políticas y estudios de Israel, es el fundador y presidente de la organización sin fines de lucro Centro para la Educación en Israel (israeled.org).

RECUADRO 1

Efectos del Tratado egipcio-israelí a largo plazo

● Acercó a Egipto a la esfera de influencia de los Estados Unidos y lo alejó de la Unión Soviética durante la última década de la Guerra Fría.

● Aisló a Egipto de las políticas del mundo árabe durante una década, aunque El Cairo regresó como socio pleno en la década de los 90, aun manteniendo su relación con Israel. Eso se debía a que el tratado representaba un interés nacional para Egipto.

● Permitió a Israel responder a problemas con otros estados árabes como se demostró con el bombardeo israelí al reactor nuclear iraquí, la anexión de los Altos del Golán y la invasión del Líbano.

● Mantuvo un compromiso sin precedentes de Estados Unidos durante 40 años con la seguridad del estado de Israel y la clasificación de Israel como socio estratégico de los Estados Unidos, pese a las discrepancias existentes entre ambos países con respecto a los asentamientos israelíes.

● Animó a que Jordania e Israel reanudaran conversaciones secretas que eventualmente condujeron a la firma de un tratado de paz en octubre de 1994.

● No logró iniciar un proceso de paz integral árabe-israelí.

● Impulsó un mayor debate entre los partidarios de Israel en la diáspora acerca de las opciones políticas de Israel.

● Abrió el camino para que Israel aceptara negociar acuerdos bilaterales con la OLP en 1993 y un tratado jordano-israelí en 1994.

● Gracias a los acuerdos logrados con Egipto, la OLP y Jordania, muchos países musulmanes y otros en el mundo, como India y Japón, abrieron sus mercados al comercio y a los empresarios israelíes, ya que no estaban más sujetos al boicot económico que los países árabes habían impuesto sobre Israel.

RECUADRO 2

Cuatro décadas de cambio: El Medio Oriente de 2019 es muy diferente de la región en 1979:

● Los líderes palestinos e israelíes administran poblaciones divididas.

● Si bien la Guerra Fría ha terminado, la presencia rusa en el Medio Oriente es fuerte y genera temor.

● Irán es un régimen islámico radical que extiende su hegemonía en toda la región.

● Las economías de los estados árabes son incapaces de equilibrar el enorme crecimiento demográfico que confrontan.

● Siria es una sombra de lo que fue.

● Israel es hoy en día una potencia económica y militar.

● La comunidad palestina está tan políticamente dividida y es tan disfuncional como lo ha sido a través de su historia.

● Los políticos palestinos siguen sin estar dispuestos a poner fin absoluto al conflicto con Israel o a abandonar el sueño del regreso de los palestinos al Israel actual.

● La riqueza petroquímica y la militancia política financian los enfrentamientos que complican la estabilidad política.

● La lucha por contener el desarrollo de armas de destrucción masiva consume la región.

● Los estados árabes sunitas mantienen lazos pragmáticos con el gobierno israelí.

● Turquía, Rusia e Irán cumplen un papel central en la configuración del futuro de la región.

● Israel se encuentra más enfocado en la estabilidad en su frontera con Siria debido a la creciente influencia iraní en esa zona.

● El antisemitismo en el mundo musulmán continua en ascenso.

● Irán tiene el potencial de amenazar la existencia del estado de Israel.